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En su llama
mortal la luz te envuelve.
Absorta,
pálida doliente, así situada
contra las
viejas hélices del crepúsculo
que en torno
a ti da vueltas.
Muda, mi
amiga,
sola en lo
solitario de esta hora de muertes
y lleno de
las vidas del fuego,
pura heredera
del día destruido.
Del sol cae
un racimo en tu vestido oscuro.
De la noche
las grandes raíces
crecen de
súbito desde tu alma,
y a
lo exterior regresan las cosas en ti ocultas,
de
modo que un pueblo, pálido y azul
de
ti recién nacido, se alimenta.
¡O!
grandiosa y fecunda y magnética esclava
del
círculo que en negro y dorado sucede.
erguida,
trata y logra una creación tan viva
que
sucumben sus flores, y llena es de tristeza.