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Si me quito los ojos de la jirafa,
me pongo los ojos de la cocodrila,
porque soy la Virgen María.
Las moscas ven una polvareda de pimienta,
pero ellas no son la Virgen María.
Miro los crímenes de las hojas,
el orgullo punzante de las avispas,
el asno indiferente, loco de doble luna,
y el establo donde el planeta se come sus pequeñas crías.
La soledad vive clavada en el barro...