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Un arco de lunas negras
sobre el mar sin movimiento.
Mis hijos que no han nacido
me persiguen.
"¡Padre, no corras; espera;
el más chico viene muerto!"
Se cuelgan de mis pupilas.
Canta el gallo.
El mar, hecho piedra, ríe
su última risa de olas.
"¡Padre, no corras!..."
Mis gritos
se hacen nardos.