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Margarita: Cada rosa
tiene un rumorcillo de agua,
y un dolor de estrella viva
bajo sus hojas heladas.
Llegan como niñas chicas
a tu mano delicada
bajo el ardiente jardín
moreno de tus pestañas.
Quisiera haberlas cogido
en un jardín de Granada,
y haberme herido los dedos
con espinas de sus ramas.
¡Ojalá que pronto puedas
correr por altas montañas,
libre de tu caminero
como una corza en llamas!